viernes, 7 de agosto de 2020

AGOSTO.


Origen de punzadas en el alma que estallaban en hileras de cristal erais vosotras,

Gotas que mojaban mis marchitos labios, que recorrían surco a surco mis enteras mejillas, quebrándose durante su caída sin apenas dejar evidencia de que, en algún momento, por efímero que fuese, llegarais a existir.

La dura fragilidad, la ganas de vivir, de tenerte conmigo sabiendo que no te tengo. No eres nada, no soy nadie, pero contigo logro sentir, logro creer que merece estar aquí.

La sensación de vivir por la esperanza de todo, no con la esperanza de que esto se haga realidad.

Siempre me has dado paz, eres una brisa cálida que hace brillar mis días. Quiero seguir viviendo por la esperanza de todo y no con la esperanza de nada.

Seguir recordando tus verdes ojos que hacían enmudecer mi oscuridad. Por un ojalá volver a verte, por un ojalá volver a rozar tus mejillas, por un quizá volver a sentirme acogida en nuestro tierno abrazo.

Quiero seguir viviendo por la esperanza de todo y no con la esperanza de nada.





miércoles, 29 de julio de 2020

AÚN TE RECUERDO.


Bajo cien almas desnudas me encontré contigo, tus manos, tus ojos envolvían mi mirada marchita. En menos de un parpadeo destruimos el reloj de arena, haciendo que las desorientadas motas de polvo fueran de un lado a otro recordando lo incluso perdido, creando un mar de fuego en medio de las secas rocas.

La luz tibia palpitaba entre nosotros dos, cada vez te sentía más cerca, más real que nunca. Con aquel beso pusimos fin o inicio a un ciclo de incertidumbre, sello a un pasado maltrecho en el que ambos necesitábamos una cura, una esperanza en aquel mundo gris cegado por las falsas apariencias y la letalidad de un enemigo invisible. ¿Qué es esto? ¿Qué hemos hecho? me preguntaste.

¡Sentir! Sentir lo que en este momento pensábamos querer, soñábamos con hacer. Este nublado ayer, nos enseñó en que imaginar el futuro es tiempo en vano. Necesitamos sentir, querer, me da igual al final perder pues no me arrepentiré ¡basta de aunar y mimar el tiempo en cristal!

La arena necesita salir, necesita convertirse en roca para luego sedimentar de nuevo. El ciclo sigue, tú y yo continuaremos caminando, transformándonos, pero cuando recordemos ese momento, sonreiremos y volveremos a sentir: ¿habremos secuestrado el tiempo de nuevo?




El diario de las tortugas.


Innumerables veces, nos vemos presos en un ciclo de “inactividad”, nos transformamos en sombras tenues que naufragan sin vida en el mar de la desdicha. Porque, cuántas veces decimos, ¡ojalá lleguen vacaciones! cuando quizá deberíamos preguntarnos ¿y qué haré cuando no tenga nada que hacer por obligación?

La inacción es una forma sencilla de negar la vida, basada en sentarse frente al televisor día sí, día también. La acción tiene de meta alcanzar la plenitud del ser, está basada en arriesgarse a expresar lo que eres, no solo basta con soñar, sino que hay que desarrollar y emprender lo que algún día pensaste, lo que realmente te apasiona y te hace ser quien eres realmente. No debemos crear presos en el mundo de las ideas, sino que hay que liberarlas para que realmente puedan darnos resultados y recompensas.

El truco realmente es actuar, igual da lo buena o mala que sea la idea, ejemplo tenemos en Forrest Gump quien logró ser feliz porque hacía lo máximo que podía en todo lo que emprendía, haciéndose realmente un hueco en el mundo, era él, era diferente.

En el libro de Rusell Hoban (cuyo título da nombre a este artículo) se hace constantemente referencia a este hecho: “Las personas, a veces, estamos demasiado perdidas por tener que marcar nuestro objetivo en la vida”, tenemos que nadar sin saber a dónde ir, algo que a una tortuga jamás le pasa, ellas actúan y saben qué hacer, sin ningún tipo de miedo o vergüenza.

¿Podríamos nadar, sentir que nadamos, navegamos, que no tenemos miedo, que no estamos perdidos? ¿Podríamos regresar con una respuesta? El hecho de no estar perdido sería ya una buena respuesta.






domingo, 19 de julio de 2020

Cerca de las vías (FITO).


Estaba merendando con un poco de música de fondo y me puse a pensar “¿El fin de las cosas está en el comienzo?”. Esto surgió porque estaba mirando mil fotografías y planteándome qué personas habían olvidado o permanecían en mi vida. 
No miento si digo que en el rostro de las personas con las que empezamos a vivir algo, se puede ver el final que van a tener.

Hay siempre una cara que será olvidada y que luego volveremos a ver. El tipo que primero nos parece un sinvergüenza y luego resulta encantador, tarde o temprano nos volverá a parecer un sinvergüenza. La persona asustada volverá a parecer asustada y la perdida, perdida (mientras de fondo “esa telaraña que cuelga en mi habitación, no la quito, no hace nada, solo ocupa su rincón”).

Es decir, por mucho que cambiemos nuestra esencia estará allí, las transformaciones no son infinitas y nosotros nunca acabamos de conocernos del todo bien (“cuando todo va bien, un día tuerces una esquina y te tuerces tú también”). 

En muchas ocasiones no sabemos cómo vamos a reaccionar con otras personas, vivimos con nuestras contradicciones, incoherencias y mil dilemas (“con el paso de los años nada es como yo soñé) intentando encontrar nuestra verdad (“todo lo malo y lo bueno caben dentro de un papel”).

No obstante, esto no deja de ser una mera opinión, mucha gente me dirá que la evolución personal de una persona es algo irrefutable (“la tristeza y la alegría viajan en el mismo tren”), yo te diré que quizá tengas razón o quizá no, tampoco creo que tengamos la certeza ni unos ni otros, ni todo es blanco ni todo negro, hay mil matices entre medias (mientras la canción terminaba poniendo punto final a mis pensamientos: ¿Quieres ver el mundo?, mira, está debajo de tus pies).


jueves, 16 de julio de 2020

Negación del antecedente.


En lógica la negación del antecedente o error inverso es una de muchas falacias que existen generadas al afirmar que si “A”, entonces “B”, esto no es del todo cierto porque el hecho de que ocurra B no tiene por qué ser consecuencia de A, pueden existir muchos otros factores que deriven produciendo este suceso.

Recurro a esto, para explicar el contexto o situación en la que nos hayamos a día de hoy a nivel mundial. 

La pandemia ha hecho cambiar muchos de nuestros hábitos, en especial la imposición del estado de alarma y el confinamiento.

Muchas personas ahora, renuncian a seguir su vida normal, creyendo que, si “se quedan en casa, no se contagiarán” cuando el hecho de contagiarse no es exclusivamente consecuencia de no salir de casa, de hecho, salir a andar por el campo refuerza el sistema inmunológico.

Además, se ha demostrando que el confinamiento no es algo efectivo, sino una medida que sirve para evitar la saturación de un sistema sanitario no preparado en cuanto a personal, recursos y material se refiere.

Realmente, como todos sabemos la salud personal y por consiguiente comunitaria depende de cada uno de nosotros, de ser responsables. Igual de peligroso es encerrarse en una burbuja de cristal que salir sin seguir ninguna de las recomendaciones dadas por los gobiernos sanitarios pertinentes.

Como podemos observar, en estos dos planteamientos hay algo en común: “el sálvese quien pueda, primero yo y el resto del mundo da igual”.  Si paramos todo, las consecuencias van a ser muy dolorosas, costosas y quizá devastadoras para muchas personas. La salud engloba la prevención, y esta es la gran olvidada, solo se habla de ella cuando ya no se puede prevenir nada, cuando los acontecimientos ya han sucedido. 

En camino vamos de una posible saturación del sistema. Si ya sabemos qué pasa cuando son ignoradas las advertencias y se niega la realidad, ¿por qué volvemos a fallar?  

Respuesta a ello se halla en las redes sociales, hay gente que ya está pidiendo de nuevo el confinamiento, está claro que preferimos hacer oídos sordos a las recomendaciones y reafirmar la imposición de prohibiciones por el simple hecho de no pensar, de no hacernos responsables de nuestros actos, porque al fin y al cabo si nos prohíben no existe la responsabilidad que conlleva el ser libre. Mientras, sigamos criticando y no haciendo lo que se supone que deberíamos hacer.



La pandemia desde una perspectiva de género - La Opinión de Murcia


martes, 30 de junio de 2020

La verdad.


Hace tiempo escribí un artículo realmente hermoso sobre lo que creía que era la verdad, el título me hace recordarlo. Retomando lo de ayer, el último fin de la vida es alcanzar la felicidad y encontrar “nuestra propia verdad”, esta frase es inherente en las novelas de misterio.

La verdad sobre el caso de Harry Quebert me ha fascinado, no por ser una obra maravillosamente construida que deja sin aliento hasta la última página, sino que realmente te hace reflexionar acerca del éxito y de cómo podemos anteponer absolutamente todo para conseguirlo. Refleja el deseo que tenemos todos por satisfacer nuestras ansias de realizarnos, de llegar siempre lo más lejos, aunque a veces, teniéndolo absolutamente todo se sufren arrebatos de ira que terminan por arruinarlo todo. Con ello quiero decir, que la novela es muy humana y como tal, el hilo inicial y último es el amor y como no, el arte de escribir.

La literatura y el amor siempre van de la mano pues cuando te falla uno, el otro es necesario para olvidar, olvidar lo que hicimos, olvidar cómo éramos, olvidar hasta lo que nunca llegó a ser cierto, olvidar hasta lo olvidado.

En sí, la trama de la novela podría decirse que es una guía para saber usar bien las armas de las que dispones (tú, tus manos y el saco de boxeo, un golpe hacia el éxito) para poder llegar a ser exitoso escribiendo, aquí no vale esquivar.

Al final, como ocurre en la vida real, la persona más despreciable se vuelve la más hermosa, también muestra que no todo es cómo pensamos que es, nadie es del todo bueno ni malo, nadie no es digno de merecer otra oportunidad para descubrir su verdad.




domingo, 28 de junio de 2020

American Beauty (1970).

Mira por cualquier ventana, cualquier mañana, cualquier atardecer, cualquier día, quizá el sol esté brillando, los pájaros cantando o la lluvia esté cayendo desde un cielo gris pesado.

El amor como esta película remueve diversos sentimientos y deseos ocultos. Este, llega a agitar tu vida removiendo con ella otros deseos que muchas veces son reprimidos por la forma de vida y sociedad que nosotros mismos hemos construido.

Parece que la única meta en la vida es alcanzar la realización personal, pero ¿en qué consiste esta? En alcanzar el éxito.

Sin embargo, yo humildemente creo que el fin de la vida es llegar a ser felices, y así queda reflejado en la película. La rutina, la estructura familiar, el estrés, el agotamiento pueden apartarnos de esta meta que día tras día se vuelve más difusa. Dicho agotamiento, nos acaba matando, y no hay cosa peor que sentirse pobre de espíritu, muerto en vida, vagabundo en un mundo sin ilusión alguna.

Aristóteles decía que para alcanzar la felicidad hay que estar satisfecho en tres niveles: en el placer y diversión, en la responsabilidad con la sociedad y en paz consigo mismo (cuerpo y mente; no olvidar reflexionar y seguir estudiando, investigando, todo animal es un explorador nato). La gran pregunta es, ¿cuál es el pilar de todo esto? ¿qué nos impulsa a ser mejores personas, ciudadanos y a sentir motivación en esta vida?
El amor, el deseo y el sexo es un motor indispensable para que exista la vida, sin ello, nos transformamos en entes, fantasmas sin sentimientos, plagados de odio.

¿En qué momento dejamos de preocuparnos por nosotros, por nuestras relaciones, por alcanzar el bienestar óptimo valorando más los objetos y el dinero? ¿En qué momento dejamos de reír y sentir? En esta vida, con toda la belleza que hay es imposible estar enfadado con el mundo, pero a veces, estamos presos en una vida mal elegida en una rutina o trabajo que nos asfixian sin darnos cuenta.
Otras reflexiones son, ¿la vida sin amor realmente existe? y ¿realmente se puede vivir en pareja indefinidamente y ser feliz?

Obviamente la vida sin amor puede existir, pero como he mencionado antes, serías un ente muerto en vida, por lo que realmente no vivirías.

La segunda es una pregunta un tanto controvertida, yo siento que al final el amor perdura y que gracias a la memoria del corazón se eliminan los malos recuerdos y se magnifican los buenos, quizá creamos una “realidad” o una “idealización” de la otra persona que no es del todo real. Llegará un momento que despertarás, fallarán en cosas que tú crees importantes y esto te hará daño, descalabrando uno de los pilares bases para ser feliz, por lo que quizá si no sientes el amor no tienes motivación para investigar, alcanzar la realización personal o incluso ser un buen ciudadano, o quizá, comiences a exacerbar el resto de cualidades haciendo que el equilibrio de las partes no esté compensado, cayendo en el agotamiento y en un vacío existencial.

Es por ello, que desde mi punto de vista no solo basta con “estar bien contigo mismo” puesto que la felicidad no es un valor individual, importan las relaciones que tengas con el resto, importa el contexto social en que vivas, importa sentir amor y no solo propio.

Hoy parece que el tabú realmente, es buscar o hablar de amor y lo que prima es el sexo. No es uno sin el otro, deben coexistir los dos. Esto es, ¿estamos acabando con el amor, es decir, con la vida?
Últimamente, muchos artículos alzan la voz corroborando que somos la sociedad más inmersa en la depresión y en la soledad. Y todo ello, es porque estamos primando el individualismo olvidando que una sociedad, una persona no es nadie sino tiene relación con el resto.

Quizá creamos tener más libertad cuando realmente estamos perdiendo el motor y para algunos esencia y combustible de la vida, el amor, cohesión y fuerza de superación, es necesaria la empatía, el saber perdonar, el saber amar debidamente, no dejar tiradas a las personas por una conversación desafortunada.

Una persona se conoce con el tiempo, con esfuerzo, pasando por momentos buenos y malos. “El hecho de que alguien no te amé como tú quieras, no significa que no te amé con todo su ser” la comprensión, confianza y lealtad es imprescindible para una relación realmente sana, y son valores que se tardan en conseguir. Sin embargo, la inmediatez a la que estamos acostumbrados en este siglo quizá estén cambiando esta percepción.

No con esto quiero decir que todas las personas merezcan la pena, he aquí el criterio y las vivencias de cada uno, pero no olvidar que el mayor anhelo es el amor, hay hacer de él una hermosa conquista, hacer que sea la única ambición pues sin él no alcanzaremos el equilibrio de las partes y, por tanto, no llegaremos a ser felices. ¿Por qué entonces, esta tendencia a estar cada vez más aislados en una sociedad hiperconectada?

Después de los hombres habrá otros hombres. Después de los libros, hay otros libros. Después de la gloria hay otras glorias. Después del dinero, hay más dinero. Pero después del amor, no queda más que la sal de las lágrimas.



Es un arma de doble filo, algo que tampoco hay que olvidar, por ello quizá estamos dejando de ser valientes, estamos intentado evitar alcanzar el amor para no romper nuestros frágiles corazones. Sin embargo, “dicen que el tiempo y el olvido son como hermanos gemelos, que vas echando de más lo que un día echaste de menos”.