martes, 1 de febrero de 2022

 

Ser vencida y retirada del frágil mundo me hizo recordar,

Cuán daño hace estar conectada a lo irreal.

Sombras idealizadas, vidas delirantes,

Mostramos todo lo que queremos ser, sin valorarlo quizá.

 

Tú, que te niegas a verlo, personaje literario,

por cada página te muestras sereno, nuevo, tu nombre es fuego.

Yo, que rechazaba admitir que nuestras vidas se iban intercalando,

Quizá porque jamás mi corazón ha creído tener oportunidad.

 

Pero ahora de nuevo, esos profundos latidos, esas ganas de disfrutar contigo.

Eres todo ¿el misterio, complicidad, complejidad y valentía que deseo?





miércoles, 13 de octubre de 2021

ICEBERG LEIVA SIGNIFICADO.


Desde que salió esta canción ando pensando en su significado. Leiva tiene el gran poder de adelantarse y dar nombre a sentimientos o comportamientos que desconocemos.

Estos versos en un primer instante me hicieron reflexionar sobre todo lo que una persona oculta por miedo a ser juzgada o no entendida por el resto “iceberg”, hasta que encuentra ese “fuego” que le hace derretirse y dejar a la vista lo que realmente es.

No obstante, también durante estos días me ha hecho pensar en la frialdad de muchas personas que impiden que saques toda tu locura por miedo a derretirles o acabar con todos sus esquemas.

Es así como vi, que, además de ser una canción cantada a dúo, la letra puede interpretarse desde los dos puntos de vista de una relación rota y conformada por dos personas que no han sabido tratar sus diferencias, generando así un cambio brusco “casi ciento ochenta grados” en la vida de una persona y no de ambas, saliendo una perjudicada “no he sabido calibrar”. Quizá el final deje abierto un nuevo intento o amanecer “todo está por empezar, te he querido tanto”. Con o sin esa persona.













 

Porque quizá ya no.

 

Oscuridad me haces recordar porque no sé quién soy, por qué quizá ya no,

La lluvia del temor sembró miedo en mi interior,

Olvidar fue peor

Ocultar lo mejor, pues hizo que perdiera el valor, el valor que jamás existió, pero que quizá yo di.

 

En ese viaje mostrándome tímida ante la resplandeciente luz de luna,

Sentí ser la cobarde entre las mil y una verdades,

Demostrar lo que una siente, a veces es importante.

 

En la verdad eres libre de mostrarte tal y como eres, tal y como estás,

Nadie puede no entenderte, solo optar por dejar de ver.

Viviendo cautivo, sin vislumbrar jamás las cenizas del amanecer,

Todo se muestra mucho más cómodo.  

 

Oscuridad me haces recordar porque no sé quién soy, por qué quizá ya no,

El fuego de mi interior debió incendiar mi corazón,

Loco, salvaje y sediento del valor para decir adiós.



Ruth L.Pinar

La verdad es como la poesía.

 

La verdad es como la poesía: a nadie le gusta,

 sentir desnudarse y ser absolutamente vulnerable,

Rendir lealtad ante una maraña de ideas olvidadas y maltrechas,

Puras herederas de un mal interior creciente, aunque no menos auténtico.

 

Cada palabra desmuestra que cualquier vivencia que creías romantizar,

Es simplemente vulgar.

 

 Lo común a todos escribe esas grises páginas, formando un simple diccionario del alma,

Allí, pude encontrar, rebautizar y dar voz a todos esos errantes sentimientos,

Aquellos de doble dualidad y compostura,

Aquellos que a la par de poderosos, volátiles,

Andaban siendo constantemente olvidados.

 

“Si nadie toma el tiempo,

Pensar, escuchar, hablar contigo,

Tal vez realmente no existas”.

 

Personas esconden lo que puede llegar a ser juzgado,

¡Hambrienta opinión del resto!

Otras, no tienen nada que ocultar,

¿Ignorantes, por no conocerse,

Estúpidos, por no ser más,

Valientes quizá por aprender a mostrar?



Ruth L.Pinar

domingo, 25 de julio de 2021

El reino. Jo Nesbo.

 Es uno de esos libros que requieren de reflexión posterior para encontrar palabras a todos aquellos sentimientos que han despertado y han calado en lo más profundo de ti.

Estos últimos años, han sido los más inestables de mi vida, en especial este año, porque ha sido en este, cuando he logrado saber lo que no quiero en mi vida, y lo que supone un problema en esta, qué es lo que me impide avanzar o averiguar lo que realmente sí quiero. Como todo en mi vida, este libro me ha llegado en el momento preciso, porque creo identificarme con el protagonista, con el paisaje en pura soledad, con los cantos ahogados de los chorlitejos dorados escondidos en lo más profundo del bosque, con la pérdida año tras año de las aves migratorias que revelan lo que nadie es capaz de decir: uno no es más libre por tener alas puesto que siempre existe la necesidad de volver al hogar, de enfrentarte a tu pasado, a tu yo anterior, a tu enemigo conocido…

Personas como yo se ven ampliamente reflejadas en este último pensamiento, no estamos más cómodos en nuestra ciudad natal debido a que por azar o mala fortuna solo hemos podido encontrarnos fuera de ella. Nos hemos desarrollado alejados de nuestra área de confort o más bien hemos creado por fin una, un área solitaria donde sentirnos cómodos, dejando atrás los recuerdos.

Y al hilo de lo expuesto anteriormente se plantea siempre esta pregunta como conductora de la trama: ¿es el amor que se tiene a la familia algo que puede cegar? ¿el estar ciego te hace guiarte más por los sentimientos que por tus principios, o es acaso estos los que no existen?

La justicia que simboliza el imperio de la ley y sujeta la balanza y la espada de la justicia y el castigo, lleva los ojos vendados, igual que cupido. Suele interpretarse como que todos somos iguales ante la ley, que la justicia no toma partido, no tiene en cuenta la familia y el amor, solo la ley. Pero con la venda en los ojos no puedes ver ni la balanza ni dónde golpea tu espada. El ciego y el sabio solo ven lo que aman, lo de fuera no tiene ninguna importancia.

Es esta doble dualidad la que nos lleva a plantearnos que, lo que creemos justo cuando actuamos en nombre de nuestra manada, de nuestra familia, es solo un impulso que no se guía por nuestra moralidad, sino por puros sentimientos, muy alejados de lo que realmente pueda llegar a verse como justo.

Esa moral, la buscamos siempre como estrategia más cómoda para sobrevivir, la que se ajusta más o menos a las reglas del juego de la sociedad (lo pueda estar aceptado socialmente). Aunque muy en el fondo, nuestra única meta es la pura supervivencia y la perpetuación de nuestros genes por lo que trasgredimos esa moral para ponerla al servicio de nuestros intereses solo por ser fieles a nuestro grupo.

En ocasiones, nos respaldamos en esa moral solo para protegernos (a nosotros y los nuestros) o engañarnos creyendo que eso que hacemos es lo correcto, que aquello que decimos ser es lo que queremos nosotros, aunque esas actitudes a veces siquiera morales, que tomamos respaldando a los nuestros, interrumpen incluso nuestra propia libertad, nuestro desarrollo personal. Pero la meta es que la convivencia no se derrumbe porque si no el que acabas lleno de mierda eres tú, y quizá peor que antes. Pura supervivencia, auténtica contradicción en la que siendo la meta el ser egoístas requerimos del resto, siempre. A tal punto se llega que, ¿solo podemos amar lo que aman otros? ¿somos incapaces de tener deseos propios realmente solos? ¿o solo creemos querer algo que otros tantos desean por puro auto convencimiento? ¿siempre requerimos de alguien?

Y en eso se adentra el libro, no solo nos recuerda que asumimos roles definidos y aceptados socialmente (aunque los moldeamos para sobrevivir auntoengañándonos) sino que para conseguir algo que crees amar dependes o has dependido de alguien al que odias. Y especialmente, es horrible reconocer el problema cuando está en tu propio grupo porque es ahí cuando el dolor aplaca la vergüenza tan grande que supone el reconocer ser completamente impotente. Impotente, porque a veces, la única solución es hacer(te) desaparecer.

Todo ello, hasta que no termina se manifiesta mucho más cuando uno retrocede sobre sus propias pisadas, viendo que finalmente te has perdido al chocar con lo que siempre ha sido tu problema. Para resolverlo, a veces solo necesitas recordar que nada es lo suficientemente importante, pero uno tiene miedo porque siempre queda algo que perder.

Ruth L.Pinar



miércoles, 21 de julio de 2021

Rosa de los vientos

 Amaría sentir de nuevo esa sensación de pura vulnerabilidad, causada simplemente por desnudar tu alma ante los ojos de esa persona, y que esta tolere lo que eres, conociendo y respetando incluso tus mayores miedos.

Esto lleva un largo proceso, el creer tener la suficiente seguridad, certeza y complicidad como para saber que esta te aceptará, porque solo uno deja paso a la guerra de su intimidad cuando la otra persona tiene interés por conocer más allá de lo que se intenta mostrar al resto.







Ambigüedad. Poner etiquetas.

 

No hay nada peor que estar enamorada de alguien que no quiere. Sé que la única solución es dejar de pensar, hablar y ver, pero eso supondría estar aún más sola de lo que ya estoy. Tomar decisiones radicales suponen consecuencias abismales, yo siempre lo veo como pedir un deseo a un genio, por mucho que pidas siempre hay algo en lo que no piensas. Y es imposible saber qué pasará, si hacer esto u otro supondrá un mayor o peor impacto en ti, en el resto.

Me encantaría mirar hacia otro lado. Hacer como si muchas cosas no estuvieran pasando. Pero me angustia, porque yo no soy así, siempre creo que hay que cambiar para crecer, para aprender, porque quizá solo así, se logre menor equivocación. Todo se basa en alcanzar el equilibrio, en todo el planeta, en cualquier relación entre personas, entre otras especies, con nosotros mismos, con nuestro hogar.

Por ello, no creo en blancos ni en negros totales, estoy siempre buscando el punto intermedio, que igual es lo que cuesta porque en nuestro razonamiento cotidiano es fácil categorizar todo en el lado bueno o en el lado malo, ¿pero si hago las cosas medio mal no es también que lo estoy haciendo medio bien? ¿ es la ética de cada cual de mayor incoherencia por estar en los extremos, en el centro o más o menos alejada de este?

Y en eso estoy, intentando ser lo más coherente cuando quizá no exista ese punto. Pretendiendo: estar sin estar con alguien, creer que lo que hago sirve sin ver resultados, aceptar críticas sin tener todos los datos, abordar situaciones que ni siquiera entiendo, decir que quiero sin saber lo que no quiero, llorar ahogando las lágrimas, echar de menos algo que nunca me ha pertenecido, cambiar sin moverme, intentar buscar cuando ya he encontrado, enamorarme sin conocer...